En el pasado no tuvimos estadistas, sólo coyotes que sirven a EU

  1. Firmaron los Tratados de Bucareli y nos condenaron a ser mediocres

México, doblegado, fue convertido en un país de coyotes. No sólo los llamados independentistas que facilitaron e hicieron posibles los negocios del primer procónsul Joel R. Poinsett, también los que hicieron posible la venta de más de la mitad del territorio santanista, o los que sirvieron de palafreneros y lacayos al archiduque Maximiliano, como Sánchez Navarro, el bisabuelo de la dinastía heroica de la Cervecería Modelo.

No sólo a los grandes dictadores, como Porfirio Díaz, quien utilizó a los hijos de los ricos, los infames lagartijos, para convertirlos en coyotes de las empresas de ferrocarriles, telefonía, puertos, mineras y petroleras, para someter a las familias e involucrarlas en el negocio común de vender a la patria.

Firmaron los Tratados de Bucareli; nos condenaron a ser agrícolas

No nada más a los porfiristas que permitieron la venta de toda la infraestructura del coloniaje nacional, encabezados por el virreyito Limantour y los octogenarios científicos, también los que comerciaron con la pólvora mojada que los gabachos le vendieron a Villa para hacerlo fracasar ante el obregonismo.

También a los redactores y firmantes del Tratado de Bucareli, por medio del cual se esclavizó a la nación, condenándola a sólo producir materias primas, dejando el aparato industrial y la generación y comercio de bienes de capital al extranjero gabacho. ‎Cuando en 1970 se extinguieron las obligaciones, México no encontró una base para despegar en el panorama ya industrializado.

Del alemanismo para acá, se desarrollaron todas las divisiones panzer del coyotaje. Los intermediarios de este país agrícola, participaron en todo tipo de atracos nacionales, playas, hoteles, carreteras, factorías, televisión, prensa, comunicaciones, bienes de consumo popular, hospitales, y la instalación de trasnacionales que ya nos abastecen de todo, a los precios que quieran, ellas y sus coyotes locales.

Testaferros del capital externo en la economía, la industria, la política…

Los coyotes estaban en todos lados, consiguiendo los préstamos atados de la deuda externa, fijando los altos tipos de interés, distribuyendo las patentes de corzo de la iniquidad, de la dependencia y la sumisión. Los coyotesse transmutaban en presidentes, políticos, caciques de horca y cuchillo, jueces, ministros y grandes señores.

Aparentemente dueños de todo lo que existía. En realidad, testaferros del capital externo en la economía, la industria, el comercio, la política, la cultura, los entretenimientos, y lo que usted guste añadir. ‎Voceros del Imperio, esclavos de una cadena implacable que acabó causando los millones de miserables que tenemos en el país.

Los coyotes desmantelaron al Estado; le quitaron sus potestades

Los mexicanos hemos conocido coyotes de toda : desde los que consiguen los contratos, hasta los que se ufanan de pertenecer a la sociedad de piel dorada‎ y publicitan sus palmitos en todos los escaparates del extranjero, haciendo ver el fondo indescriptible de una sociedad demolida y saqueada a placer.

Hemos visto desfilar una cauda de coyotes que ennegrece la luz del cielo: desde los que vendieron a las clases populares leches contaminadas por el accidente nuclear de Chernobyl, impunes hasta la fecha, hasta los que venden gubernaturas y puestos de representación popular para blindar con fuero a los delincuentes.

Desde luego, a los coyotes infames que desmantelaron al Estado para quitarle todas las potestades, se plegaron incondicionalmente a los designios extranjeros para hacernos una economía dependiente de la deuda externa, de la que obtienen moche$ fantasmagóricos para sus bolsillos.

Han erigido imperios de dinero mal habido y ensangrentado

A los que en nombre de los símbolos nacionales han vendido y subastado a la patria, los que han dejado el concepto de soberanía en los anaqueles de la perdición y la vergüenza. A los que forman las generaciones dinásticas que heredan a sus hijos y familiares los cargos de elección para cubrirse las espaldas.

A los que construyen con sus empresas las obras producto de nuestros impuestos, para después decretar pagos de impuestos en infinito para poder usarlas. A los que se han burlado de la confianza para erigir imperios de dinero mal habido y ensangrentado. A los traidores irredentos e imperdonables que han convertido esta nación en un paraíso de indeseables.

‎Si hay algunos culpables de venezualizar al país, ésos han sido ellos. Son los directamente responsables de habernos llevado al peor de los mundos posibles. Al país de cien millones de pobres que todavía se entrega inmisericordemente al extranjero sin chistar, y condena a nuestros descendientes a la esclavitud.

Nuestros coyotes, pandilla de bandidos sin nombre decente

Los coyotes siguen en todo: huachicolean los carburantes, cobran comisiones altísimas para importar gasolinas, gas y diésel, adjudican pozos y plataformas petroleras, aplican agua en lugar de medicinas contra el cáncer, regalan los bosques y el agua indispensable para la vida, se roban las pensiones de los jubilados para sus negocios ilícitos, ponen la carne de cañón para los narcotraficantes, demuelen la convivencia.

 

 

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